Los casinos de Barry Lyndon 1

Los casinos de Barry Lyndon. Primera parte.
Apostar con peluca y cara de no haber roto un plato. Esto va de casinos pero con la estética de Barry Lyndon, o sea, mesas de juego en salones del siglo XVIII iluminados con velas, gente con pelucas empolvadas apostando fortunas como si fuera lo más normal del mundo y perdiéndolas con la misma calma elegante; el “protagonista espiritual” sería Redmond Barry, un tipo que sube y baja socialmente a base de cartas, suerte y bastante cara dura, y lo curioso aquí es el contraste: todo parece refinado y silencioso… pero en realidad es el mismo vicio de siempre, solo que con mejores modales y ropa mucho más incómoda.
¿De qué trata esto? Pues esto no tiene ninguna pretensión, solo son prácticas creativas mías que me divierten de momento, (hasta que encuentre otra cosa que me divierta más).
Todo comenzó en un grupo de amigos en WhatssApp, para hacer bromas entre nosotros y reírnos un poco porque todos tenemos mucho sentido del humor; después las publiqué en Facebook, en un grupo del pueblo donde vivo, Alcàsser (Valencia), donde me conoce mucha gente y comenzaron a pedirme el aparecer ellos, así que comencé a meterme más en la IA y a reírme mucho, investigué como crear prompts por temática y aplicarlo a mis amigos y este es el resultado. Creo que he mejorado bastante y lo irás viendo según vaya publicando, esto solo es el principio.
Y que quede claro, nunca pongo a personajes famosos, nunca pongo a niños sin deseo explícito de sus padres, todas las personas que salen aquí es porque les divierte y les gusta, y, sí, veo todos los fallos, pero los dejo porque me hacen gracia.
















































En la Europa del siglo XVIII, la misma época en la que se ambienta Barry Lyndon, el juego era una parte bastante habitual de la vida social de la aristocracia: no había casinos como los de hoy llenos de luces, sino salones privados, clubes exclusivos y casas de juego donde nobles y aspirantes a serlo se reunían a apostar grandes sumas en cartas, dados o juegos como el faro; todo ocurría en ambientes elegantes, con velas, silencio tenso y modales impecables, aunque por dentro la cosa era igual de intensa que ahora, porque una mala racha podía arruinarte o una buena convertirte en alguien respetable, algo que encaja perfectamente con la trayectoria de Redmond Barry, donde el juego no era solo entretenimiento, sino una herramienta para escalar socialmente… o caer con estilo.
- Visto: 26





