Paseando al gatito 1

Paseando al gatito. Primera parte.
Tuvimos una gata persa, se llamaba Nala y era muy agresiva, bueno, con los de afuera, con nosotros era completamente diferente. Recuerdo cuando se subía en la mesa de mi despacho y no movía nada, después se acurrucaba en mi regazo. Nos entendíamos bien, los dos pasábamos de tonterías, jajaja.
Aquí la temática es sencilla: gente paseando un gato persa del tamaño de un edificio como si fuera una mascota normal, lo cual convierte cualquier paseo tranquilo en una mezcla entre desfile elegante y posible catástrofe urbana cubierta de pelo. El ambiente suele parecer cotidiano hasta que notas que el “minino” podría bloquear una avenida solo por tumbarse a dormir, mientras su dueño intenta mantener dignidad sujetando una correa completamente inútil. Lo mejor es el contraste: cara adorable, pelazo digno de aristócrata cansado y capacidad real de destruir una cafetería simplemente dándose la vuelta. Y sí, los gatos persas ya tienen fama de actuar como emperadores domésticos siendo pequeños, así que hacerlos gigantes básicamente solo acelera el proceso lógico de conquista.
¿De qué trata esto? Pues esto no tiene ninguna pretensión, solo son prácticas creativas mías que me divierten de momento, (hasta que encuentre otra cosa que me divierta más).
Todo comenzó en un grupo de amigos en WhatssApp, para hacer bromas entre nosotros y reírnos un poco porque todos tenemos mucho sentido del humor; después las publiqué en Facebook, en un grupo del pueblo donde vivo, Alcàsser (Valencia), donde me conoce mucha gente y comenzaron a pedirme el aparecer ellos, así que comencé a meterme más en la IA y a reírme mucho, investigué como crear prompts por temática y aplicarlo a mis amigos y familia,... este es el resultado. Creo que he mejorado bastante y lo irás viendo según vaya publicando.
Y que quede claro, nunca pongo a personajes famosos, nunca incluyo a niños sin deseo explícito de sus padres, todas las personas que salen aquí es porque les divierte, tienen sentido del humor y les gusta, y, sí, veo todos los fallos, pero los dejo porque me hacen gracia.









































El gato persa viene de la antigua Persia, actual Irán, y llegó a Europa en el siglo XVII convertido en el equivalente felino a un objeto de lujo exótico: mucho pelo, mucha mirada intensa y cero prisa por hacer nada útil; ahora bien, lo de “violento” tiene más mito que realidad, porque no es un tigre en miniatura sino más bien un aristócrata con mal despertar, eso sí, si lo cepillas mal, le invades su espacio o decides que hoy toca abrazo obligatorio, puede recordarte con uñas perfectamente afiladas que bajo ese abrigo digno de ópera hay un carácter territorial, orgulloso y con muy poca paciencia, no porque sea un psicópata, sino porque es un señor peludo acostumbrado a que el mundo gire a su ritmo… y a ser posible en silencio.
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