Paseando a las tortuguitas 1

Paseando a las tortuguitas. Primera parte.
Imagina salir tranquilamente a la calle con una tortuga colosal del tamaño de un autobús, avanzando a dos kilómetros por siglo mientras los vecinos empiezan a envejecer esperando para cruzar el paso de peatones. Aquí no hay carreras ni caos: solo una bestia prehistórica con cara de sabia cansada del mundo paseando como si pagar el seguro veterinario de semejante tanque biológico fuese completamente normal. Lo mejor es que las tortugas reales ya viven muchísimo tiempo, así que una mascota así probablemente heredaría tu casa antes de terminar el paseo.
¿De qué trata esto? Pues esto no tiene ninguna pretensión, solo son prácticas creativas mías que me divierten de momento, (hasta que encuentre otra cosa que me divierta más).
Todo comenzó en un grupo de amigos en WhatssApp, para hacer bromas entre nosotros y reírnos un poco porque todos tenemos mucho sentido del humor; después las publiqué en Facebook, en un grupo del pueblo donde vivo, Alcàsser (Valencia), donde me conoce mucha gente y comenzaron a pedirme el aparecer ellos, así que comencé a meterme más en la IA y a reírme mucho, investigué como crear prompts por temática y aplicarlo a mis amigos y familia,... este es el resultado. Creo que he mejorado bastante y lo irás viendo según vaya publicando.
Y que quede claro, nunca pongo a personajes famosos, nunca incluyo a niños sin deseo explícito de sus padres, todas las personas que salen aquí es porque les divierte, tienen sentido del humor y les gusta, y, sí, veo todos los fallos, pero los dejo porque me hacen gracia.








































Las tortugas son reptiles antiquísimos que llevan en la Tierra desde hace más de 200 millones de años, sobreviviendo a dinosaurios, glaciaciones y probablemente a reuniones familiares mejor que cualquiera de nosotros. Su rasgo más reconocible es el caparazón, una especie de armadura integrada en el cuerpo que forma parte real de su esqueleto, no una “casita” portátil como mucha gente cree. Existen tortugas terrestres, acuáticas y marinas, desde especies pequeñas que caben en una mano hasta gigantes como las tortugas de Galápagos. Visualmente suelen transmitir calma absoluta: movimientos lentos, ojos tranquilos, piel rugosa, colores terrosos o verdosos y una expresión permanente de “llevo siglos viendo tonterías humanas”. Las tortugas marinas recorren océanos enteros y pueden vivir décadas, mientras que algunas terrestres superan fácilmente los cien años, lo que las convierte prácticamente en testigos vivientes de varias generaciones. Su estética mezcla algo prehistórico y algo extrañamente entrañable: patas robustas, cuellos extensibles, caparazones llenos de marcas y texturas naturales, y movimientos lentos pero sorprendentemente decididos cuando encuentran comida o quieren escapar. Culturalmente aparecen en mitologías, cuentos y símbolos de paciencia, longevidad y resistencia, aunque en la práctica muchas pasan el día haciendo exactamente lo que parece: comer, calentarse al sol y mirar el vacío con una serenidad casi insultante.
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