La naranja mecánica 1

La naranja mecánica. Primera parte.
Sonrisas raras y botas muy negras. Esto va de La naranja mecánica: una panda de chavales con uniforme blanco impoluto (mentira: acaba lleno de mugre) y muy mala idea rondando una ciudad rara de los 70 donde todo parece moderno y cutre a la vez; el jefe es Alex DeLarge, encantador si ignoras lo de que disfruta demasiado haciendo el gamberro a nivel profesional, y aquí lo veréis pasearse entre bares rarísimos, casas futuristas y rincones nada acogedores, siempre con esa media sonrisa irónica que te hace pensar “este tío no está bien”, mientras Stanley Kubrick dirige todo con una precisión que da miedo; en resumen: estética icónica, caras de pocos amigos y situaciones incómodas que te hacen reír… pero mirando un poco de reojo.
¿De qué trata esto? Pues esto no tiene ninguna pretensión, solo son prácticas creativas mías que me divierten de momento, (hasta que encuentre otra cosa que me divierta más).
Todo comenzó en un grupo de amigos en WhatssApp, para hacer bromas entre nosotros y reírnos un poco porque todos tenemos mucho sentido del humor; después las publiqué en Facebook, en un grupo del pueblo donde vivo, Alcàsser (Valencia), donde me conoce mucha gente y comenzaron a pedirme el aparecer ellos, así que comencé a meterme más en la IA y a reírme mucho, investigué como crear prompts por temática y aplicarlo a mis amigos y este es el resultado. Creo que he mejorado bastante y lo irás viendo según vaya publicando, esto solo es el principio.
Y que quede claro, nunca pongo a personajes famosos, nunca pongo a niños sin deseo explícito de sus padres, todas las personas que salen aquí es porque les divierte, tienen sentido del humor y les gusta, y, sí, veo todos los fallos, pero los dejo porque me hacen gracia.











































La naranja mecánica es una de las películas más perturbadoras e influyentes del cine moderno, dirigida por Stanley Kubrick y basada en la novela de Anthony Burgess. Ambientada en una sociedad futurista y decadente, sigue a Alex DeLarge, un joven carismático, culto y profundamente violento que lidera una banda dedicada al ultraviolence, combinando agresión extrema con una estética casi ritual y una ironía inquietante. La película no se centra solo en la violencia física, sino en algo más incómodo: el placer consciente, estético y casi filosófico que el protagonista encuentra en ella, especialmente acompañado por la música de Ludwig van Beethoven, creando un contraste perturbador entre belleza y brutalidad. Tras ser detenido, Alex es sometido a un experimento de condicionamiento psicológico conocido como el tratamiento Ludovico, que elimina su capacidad de elegir el mal, lo que abre el núcleo moral de la obra: ¿es preferible un ser humano libre y violento o uno incapaz de hacer daño pero también de elegir? Kubrick construye todo esto con una estética fría, simétrica y clínica, mezclada con escenarios decadentes, vestuario icónico (blanco, tirantes, bombín) y una puesta en escena que oscila entre lo grotesco y lo hipnótico. Más allá de su polémica por la violencia y su censura en varios países, la película se ha convertido en una reflexión durísima sobre el libre albedrío, el control social, la manipulación del individuo y la delgada línea entre civilización y barbarie.
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