Escher 1

M. C. Escher. Primera parte.
AQUÍ LAS ESCALERAS NO SE HAN ENTERADO. Maurits Cornelis Escher fue un artista neerlandés del siglo XX especializado en convertir escaleras, edificios, animales y personas en auténticos problemas para el cerebro: subes y acabas bajando, una puerta lleva a ninguna parte y una escalera puede decidir que hoy le apetece ser techo. Para esta serie hemos metido a amigos y familiares en ese universo de perspectivas imposibles y espacios que desafían cualquier sentido común; son creaciones realizadas con inteligencia artificial por Gonzalo Obes, únicamente con pretensiones creativas, porque bastante tenemos ya con orientarnos por casa como para intentar entender dónde coño está el suelo.
¿De qué trata esto? Pues esto no tiene ninguna pretensión, solo son prácticas creativas mías que me divierten de momento, (hasta que encuentre otra cosa que me divierta más).
Todo comenzó en un grupo de amigos en WhatssApp, para hacer bromas entre nosotros y reírnos un poco porque todos tenemos mucho sentido del humor; después las publiqué en Facebook, en un grupo del pueblo donde vivo, Alcàsser (Valencia), donde me conoce mucha gente y comenzaron a pedirme el aparecer ellos, así que comencé a meterme más en la IA y a reírme mucho, investigué como crear prompts por temática y aplicarlo a mis amigos y familia,... este es el resultado. Creo que he mejorado bastante y lo irás viendo según vaya publicando.
Y que quede claro, nunca pongo a personajes famosos, nunca incluyo a niños sin deseo explícito de sus padres, todas las personas que salen aquí es porque les divierte, tienen sentido del humor y les gusta, y, sí, veo todos los fallos, pero los dejo porque me hacen gracia.
















































Maurits Cornelis Escher (M. C. Escher) (Leeuwarden, Países Bajos, 1898 – Laren, Países Bajos, 1972) fue uno de los artistas gráficos más singulares del siglo XX. Su obra se encuentra en un territorio extraño entre el arte, las matemáticas, la arquitectura y la ilusión óptica. Aunque durante mucho tiempo fue considerado un artista difícil de clasificar, acabó convirtiéndose en una figura fundamental del arte gráfico moderno y en una enorme influencia para ilustradores, diseñadores, arquitectos y artistas interesados en las paradojas visuales.
Escher estudió en la Escuela de Arquitectura y Artes Decorativas de Haarlem, aunque finalmente abandonó la arquitectura para dedicarse al dibujo y al grabado. Sus primeras obras estuvieron muy relacionadas con los paisajes y la arquitectura, especialmente los de Italia y España, países que recorrió durante sus años de formación. En España quedó profundamente impresionado por la Alhambra de Granada, cuyos mosaicos geométricos tuvieron una importancia decisiva en su evolución artística. El estudio de aquellas decoraciones islámicas le llevó a experimentar con la división regular del plano y con la transformación progresiva de unas formas en otras.
Su técnica se apoyó fundamentalmente en el grabado, especialmente la xilografía y la litografía. Escher era extraordinariamente meticuloso: construía sus imágenes mediante estructuras geométricas muy precisas, pero utilizaba esa precisión para crear situaciones que resultaban imposibles desde el punto de vista de la realidad cotidiana. En sus obras, una escalera puede subir y bajar simultáneamente, un espacio puede contenerse a sí mismo, el suelo puede convertirse en techo y una figura puede transformarse gradualmente en otra.
Uno de sus grandes temas fue la teselación, es decir, la utilización de formas que cubren una superficie sin dejar espacios vacíos. Escher convirtió este procedimiento matemático en un recurso artístico. Pájaros que se transforman en peces, reptiles que se convierten en figuras tridimensionales o animales que progresivamente pasan a formar parte de un paisaje aparecen en composiciones donde la frontera entre figura y fondo desaparece.
Entre sus obras más famosas se encuentran Relatividad, con su arquitectura imposible y sus múltiples direcciones de la gravedad; Mano con esfera reflectante, donde el propio artista aparece reflejado en una esfera sostenida por una mano; Cascada, basada en una estructura arquitectónica imposible que parece producir un movimiento perpetuo; Subiendo y bajando, donde las figuras recorren interminablemente una escalera; y Metamorfosis, una extraordinaria transformación continua de formas, palabras, animales, arquitectura y paisaje.
Una de las características más fascinantes de Escher es que la ilusión no es un simple efecto decorativo. Sus imágenes obligan al espectador a cuestionar cómo interpreta el espacio. El ojo intenta reconstruir una arquitectura coherente, pero descubre que las diferentes partes de la imagen obedecen a reglas incompatibles entre sí. Escher juega constantemente con la perspectiva, la gravedad, la escala, la simetría, el reflejo y la relación entre dos y tres dimensiones.
A diferencia de muchos artistas asociados a las matemáticas, Escher no partía necesariamente de complejas teorías matemáticas para crear sus obras. Su aproximación era fundamentalmente visual e intuitiva. Sin embargo, sus investigaciones sobre simetría, geometría y estructuras espaciales terminaron despertando un enorme interés entre matemáticos y científicos. Precisamente esa combinación entre intuición artística y rigor geométrico es una de las razones de su extraordinaria originalidad.
También desarrolló una fascinación por los universos cerrados, las estructuras infinitas y las imágenes autorreferenciales. En algunas obras parece que el mundo representado no tiene un verdadero exterior: una forma conduce a otra, una superficie contiene otra superficie y el espectador termina atrapado dentro del propio mecanismo visual de la obra.
Su influencia posterior ha sido enorme. Sus imágenes han aparecido en libros, portadas, carteles, publicidad, cine, diseño gráfico y cultura popular. También ha influido especialmente en la representación de arquitecturas imposibles, mundos fantásticos, paradojas espaciales y transformaciones de formas. Su obra resulta particularmente interesante para cualquiera que quiera crear imágenes donde la realidad parezca lógica durante unos segundos y, al observarla con atención, revele que en realidad es imposible.
En definitiva, Escher convirtió el engaño visual en una forma de arte. No buscaba simplemente representar mundos fantásticos: construía mundos aparentemente racionales que se desmoronaban ante la mirada del espectador. Su gran aportación fue demostrar que una imagen podía funcionar simultáneamente como dibujo, problema matemático, ilusión óptica y pequeño universo autónomo.
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