Escrito por Gonzalo Obes el . Publicado en Misceláneas.

Esteban Maroto 1

Esteban Maroto. Primera parte.
Aquí toca sumergirse en el universo de Esteban Maroto, maestro español de la fantasía setentera donde todo el mundo iba medio desnudo, llevaba espadas del tamaño de una farola y parecía vivir en un castillo sin fontanería desde hacía siglos. Entre guerreros imposibles, brujas con más maquillaje que protección y criaturas que claramente violan varias leyes de la biología, estas imágenes rescatan ese estilo elegante y exagerado que convirtió la fantasía épica en algo entre un sueño medieval y la portada de un disco de heavy metal que tus padres habrían prohibido en 1983.
¿De qué trata esto? Pues esto no tiene ninguna pretensión, solo son prácticas creativas mías que me divierten de momento, (hasta que encuentre otra cosa que me divierta más).
Todo comenzó en un grupo de amigos en WhatssApp, para hacer bromas entre nosotros y reírnos un poco porque todos tenemos mucho sentido del humor; después las publiqué en Facebook, en un grupo del pueblo donde vivo, Alcàsser (Valencia), donde me conoce mucha gente y comenzaron a pedirme el aparecer ellos, así que comencé a meterme más en la IA y a reírme mucho, investigué como crear prompts por temática y aplicarlo a mis amigos y familia,... este es el resultado. Creo que he mejorado bastante y lo irás viendo según vaya publicando.
Y que quede claro, nunca pongo a personajes famosos, nunca incluyo a niños sin deseo explícito de sus padres, todas las personas que salen aquí es porque les divierte, tienen sentido del humor y les gusta, y, sí, veo todos los fallos, pero los dejo porque me hacen gracia.

Esteban Maroto es una de las grandes figuras de la fantasía ilustrada y el cómic español, aunque durante años fue más admirado fuera de España que dentro. Nacido en Madrid en 1942, empezó trabajando en tebeos de aventuras en los años sesenta, una época en la que muchos dibujantes españoles producían páginas a ritmo industrial para editoriales extranjeras. Muy pronto destacó por algo raro incluso entre artistas excelentes: una mezcla de elegancia barroca, sensualidad, anatomías imposibles y un detallismo casi obsesivo.
Su estilo se reconoce enseguida. Las figuras parecen esculturas vivas, cargadas de capas, joyas, pliegues y armaduras ornamentales. Sus personajes femeninos tienen una presencia muy marcada, a medio camino entre la fantasía heroica y el erotismo sofisticado, mientras que sus guerreros y criaturas parecen salidos de un sueño medieval extraño. En lugar de buscar realismo puro, Maroto apostaba por la atmósfera y la belleza visual. Hay dibujos suyos que parecen más cercanos a una vidriera gótica o a una portada de heavy metal que al cómic tradicional.
En España participó en series como “Cinco por infinito”, pero su fama internacional explotó sobre todo gracias al mercado estadounidense y a las revistas europeas de fantasía. Trabajó para publicaciones míticas como Warren Publishing, donde ilustró historias para revistas de terror y ciencia ficción muy influyentes de los años setenta. Allí coincidió con otros españoles legendarios como José Ortiz, Fernando Fernández o Luis García. Aquella invasión de artistas españoles en el mercado americano fue tan potente que medio planeta aprendió a imaginar monstruos gracias a señores que probablemente desayunaban café con leche y tostadas en Madrid o Barcelona.
Maroto también dejó huella enorme en la ilustración fantástica pura, especialmente en portadas de libros y revistas. Su trabajo conecta mucho con la estética de artistas como Frank Frazetta o Boris Vallejo, aunque el suyo tiene un componente más ornamental y menos salvaje. Donde Frazetta era músculo y violencia, Maroto era decadencia elegante, telas imposibles y personajes que parecen perfumados incluso cuando están luchando contra un demonio.
Además, fue diseñador de personajes para cine y televisión, y participó en proyectos vinculados a la fantasía heroica y la ciencia ficción. Su influencia se nota muchísimo en la estética fantasy de los años setenta y ochenta: espadas gigantes, armaduras absurdamente bellas, mujeres etéreas, magos con pinta de llevar tres siglos sin pagar impuestos y castillos que claramente no cumplen ninguna normativa de seguridad medieval.
Aunque nunca alcanzó la fama masiva de algunos autores anglosajones, entre aficionados al cómic fantástico y la ilustración sigue siendo una figura de culto. Muchos artistas posteriores heredaron de él esa idea de que la fantasía no tenía por qué ser solo acción y monstruos: también podía ser refinada, recargada y visualmente hipnótica.