Escrito por Gonzalo Obes el . Publicado en Misceláneas.

Metrópolis 1

Metrópolis. Primera parte.
Ricos arriba, currantes abajo y robots liándola. Esto va de una ciudad futurista de 1927 donde los ricos viven como si nada en la superficie mientras los trabajadores están bajo tierra sudando para que todo funcione, como si fueran piezas de una máquina gigante; el chaval importante aquí es Freder, hijo del jefe supremo, que descubre que el sistema es básicamente un infierno industrial con turnos eternos y decide meterse donde no le llaman, mientras una tal Maria predica paz y aparece un robot con cara humana que convierte todo en un caos bastante fino; en resumen, arquitectura imposible, gente moviéndose como zombis sincronizados y una historia que, entre lo exagerada y lo inquietante, te hace pensar que igual el futuro no venía con coches voladores sino con jornadas laborales peores.
¿De qué trata esto? Pues esto no tiene ninguna pretensión, solo son prácticas creativas mías que me divierten de momento, (hasta que encuentre otra cosa que me divierta más).
Todo comenzó en un grupo de amigos en WhatssApp, para hacer bromas entre nosotros y reírnos un poco porque todos tenemos mucho sentido del humor; después las publiqué en Facebook, en un grupo del pueblo donde vivo, Alcàsser (Valencia), donde me conoce mucha gente y comenzaron a pedirme el aparecer ellos, así que comencé a meterme más en la IA y a reírme mucho, investigué como crear prompts por temática y aplicarlo a mis amigos y familia,... este es el resultado. Creo que he mejorado bastante y lo irás viendo según vaya publicando.
Y que quede claro, nunca pongo a personajes famosos, nunca incluyo a niños sin deseo explícito de sus padres, todas las personas que salen aquí es porque les divierte, tienen sentido del humor y les gusta, y, sí, veo todos los fallos, pero los dejo porque me hacen gracia.

Metrópolis es una de las obras fundacionales del cine de ciencia ficción y del lenguaje visual moderno. Dirigida por Fritz Lang y estrenada en 1927 en la República de Weimar, propone una visión futurista de una ciudad dividida de forma brutal entre una élite dominante que vive en la superficie y una masa de trabajadores que habita en el subsuelo, condenada a sostener el sistema mediante trabajo mecánico repetitivo. La historia sigue a Freder, hijo del poderoso dirigente Joh Fredersen, cuyo despertar moral comienza cuando descubre las condiciones inhumanas de los obreros y entra en contacto con Maria, una figura casi mesiánica que predica la reconciliación entre clases.
Visualmente, la película es célebre por su arquitectura monumental, inspirada en el expresionismo alemán y en corrientes como el art déco y el futurismo: rascacielos colosales, máquinas gigantescas que parecen templos, masas humanas coreografiadas como engranajes y una ciudad concebida como organismo vivo. Uno de sus elementos más icónicos es el robot femenino, una creación tecnológica que adopta forma humana y que simboliza tanto el poder de la ciencia como su potencial manipulador. Todo está construido sobre contrastes extremos: luz y sombra, arriba y abajo, humano y máquina, orden y caos.

En lo narrativo, mezcla melodrama, alegoría política y mito religioso, con una idea central muy clara que resume su mensaje: “el mediador entre la cabeza y las manos debe ser el corazón”. Aunque en su estreno fue recortada y criticada por su complejidad y coste desmesurado, con el tiempo se ha convertido en una obra clave de la historia del cine, influyendo en innumerables películas posteriores, desde Blade Runner hasta The Matrix, tanto en estética como en temas como la deshumanización tecnológica, la lucha de clases o la identidad artificial. Su fuerza no está solo en lo que cuenta, sino en cómo lo muestra: como una pesadilla geométrica perfectamente organizada donde la belleza y la opresión conviven sin descanso.