Escrito por Gonzalo Obes el . Publicado en Misceláneas.

Paseando al león 1

Paseando al león. Primera parte.
Paseo cotidiano (nivel: claramente mala idea). Aquí estamos viendo lo que pasaría si alguien decide que un león es básicamente un perro grande con peor carácter: gente paseando tranquilamente por ciudad, parque o donde toque, con un felino de más de 180 kilos al lado como si fuera a pedir chuches y no a replantearse la cadena alimentaria; el contexto es absurdo desde el segundo uno porque estos animales viven en la sabana africana y cazan en grupo, no bajan a por pan, y lo gracioso (o inquietante) es ese contraste entre la normalidad del paseo y la cara de “esto se puede torcer en cualquier momento”, porque sí, el león puede estar calmado… hasta que deja de estarlo, y ahí se acaba el paseo y empieza el documental.
¿De qué trata esto? Pues esto no tiene ninguna pretensión, solo son prácticas creativas mías que me divierten de momento, (hasta que encuentre otra cosa que me divierta más).
Todo comenzó en un grupo de amigos en WhatssApp, para hacer bromas entre nosotros y reírnos un poco porque todos tenemos mucho sentido del humor; después las publiqué en Facebook, en un grupo del pueblo donde vivo, Alcàsser (Valencia), donde me conoce mucha gente y comenzaron a pedirme el aparecer ellos, así que comencé a meterme más en la IA y a reírme mucho, investigué como crear prompts por temática y aplicarlo a mis amigos y familia,... este es el resultado. Creo que he mejorado bastante y lo irás viendo según vaya publicando.
Y que quede claro, nunca pongo a personajes famosos, nunca incluyo a niños sin deseo explícito de sus padres, todas las personas que salen aquí es porque les divierte, tienen sentido del humor y les gusta, y, sí, veo todos los fallos, pero los dejo porque me hacen gracia.

Los leones son básicamente los jefes tranquilos de la sabana: no corren si no hace falta, pero cuando se mueven, todo el mundo toma nota. Viven en grupos llamados manadas, algo raro entre los grandes felinos, donde las leonas hacen casi todo el trabajo serio —cazar, coordinar, alimentar al grupo— mientras los machos patrullan, se pelean con intrusos y ponen cara de pocos amigos para mantener el territorio. Un león puede dormir más de 18 horas al día, así que sí, su rutina ideal sería siesta, comida y repetir, pero cuando cazan pueden alcanzar velocidades de vértigo en distancias cortas. Su rugido se oye a varios kilómetros, no por dramatismo sino para dejar claro “este barrio ya tiene dueño”. Aunque parecen invencibles, la realidad es más cruda: muchas cacerías fallan, los cachorros no siempre sobreviven y la vida en la sabana es menos “rey león” y más “sobrevive como puedas”.