Escrito por Gonzalo Obes el . Publicado en Misceláneas.

Magos del siglo XIX 1

Magos del siglo IXX. Primera parte.
Trucos, humo y mucho descaro. Esto va de magos del siglo XIX, cuando el espectáculo era medio teatro, medio timo elegante, en salones y teatros llenos de humo donde la gente pagaba por ver desaparecer monedas, personas o directamente su capacidad de pensar con lógica; el nombre que lo petó fue Jean Eugène Robert-Houdin, que convirtió la magia en algo más fino y menos feria ambulante, cambiando túnicas raras por traje y cara seria, y lo curioso es que todo el mundo sabía que había truco… pero aun así se dejaban engañar encantados, porque al final el espectáculo era precisamente ese: ver cómo te la cuelan con estilo y aplaudirlo.
¿De qué trata esto? Pues esto no tiene ninguna pretensión, solo son prácticas creativas mías que me divierten de momento, (hasta que encuentre otra cosa que me divierta más).
Todo comenzó en un grupo de amigos en WhatssApp, para hacer bromas entre nosotros y reírnos un poco porque todos tenemos mucho sentido del humor; después las publiqué en Facebook, en un grupo del pueblo donde vivo, Alcàsser (Valencia), donde me conoce mucha gente y comenzaron a pedirme el aparecer ellos, así que comencé a meterme más en la IA y a reírme mucho, investigué como crear prompts por temática y aplicarlo a mis amigos y este es el resultado. Creo que he mejorado bastante y lo irás viendo según vaya publicando, esto solo es el principio.
Y que quede claro, nunca pongo a personajes famosos, nunca pongo a niños sin deseo explícito de sus padres, todas las personas que salen aquí es porque les divierte y les gusta, y, sí, veo todos los fallos, pero los dejo porque me hacen gracia.

En el siglo XIX la magia dejó de ser cosa de ferias y supersticiones para convertirse en un espectáculo elegante de salón, con ilusionistas que actuaban en teatros ante un público burgués que quería sorprenderse sin sentirse engañado; figuras como Jean Eugène Robert-Houdin marcaron un antes y un después al introducir vestimenta formal, escenarios cuidados y trucos más sofisticados basados en mecánica, óptica y psicología, alejándose de la imagen del mago “misterioso” y acercándose más a la del artista refinado; aun así, el truco seguía siendo el mismo de siempre: hacer que lo imposible pareciera real durante unos segundos, mientras el público sabía que había trampa… pero prefería no entenderla demasiado para poder disfrutar del espectáculo.