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“INSACIABLE”: ASA AKIRA LO CUENTA TODO. "Ser una estrella del cine X era mi fantasía. Y la cumplí": el porno, en primera persona

“Para mí, ser una estrella del porno era la fantasía definitiva. Excitar a la gente y convertirme en esa clase de sex symbol”. Con esas palabras explica en NPR la actriz pornográfica de origen asiático Asa Akira lo que le ha llevado a trabajar como stripper primero, a aparecer en películas para adultos más tarde e incluso a llegar a prostituirse. Al igual que ocurre en otros casos como el de Sasha Grey o la tan de moda Belle Knox, Akira disfruta lo que hace, y admite que incluso aunque no ganase cantidades ingentes de dinero, seguiría haciéndolo.

“Mucha gente considera que es una espiral descendente, pero yo veo cada paso como un ascenso”. Akira ha relatado su fulgurante trayectoria ascendente de poco más de diez años –ahora tiene 28– en su libro de memorias Insaciable: Porno – Una historia de amor (Grove Press), que fue publicado en EEUU a comienzos de mayo. Aunque no hace gala del punto cultureta de Grey, las críticas señalan que Akira goza de un particular sentido del humor a la hora de explicar el funcionamiento del mundillo: como señala Alissa Nutting de Tampa, la actriz es “la Galileo de la sexualidad femenina, la que ha desplazado nuestra cultura de las ‘edades oscuras’ de la ‘vergüenza por ser zorra’ a la celebración ilustrada del deseo femenino”.

“No veo nada degradante en vivir una fantasía sexual”, reconocía Akira. “Lo veo empoderador”. La respuesta a la pregunta que la periodista de The Style se plantea ("¿por qué lo hace?") es muy fácil de responder: está en el porno porque le encanta. Ganadora de 12 premios AVN (algo así como los Oscar del cine para adultos; la mayor parte de galardones proceden de escenas de sexo anal, una práctica que reconoce que cuesta, pero sólo “las primeras 20 veces”), Akira admite que su infancia fue feliz. Proveniente de una familia de clase media-alta, estudió siempre en colegios privados, tanto en Japón –donde residió durante seis años– como en Nueva York, donde fue alumna de la Escuela Internacional de las Naciones Unidas en Manhattan.

Nada dramático o traumático me ocurrió”, explicó en NPR. “Mis padres aún viven juntos”. Tan sólo en un momento del libro sugiere que una de sus niñeras pudo abusar de ella cuando era pequeña, aunque resta importancia a tal acontecimiento. Algo semejante ocurre con el frecuente consumo de drogas durante su adolescencia (durante el instituto, sus favoritas eran la ketamina y la oxicodona), capítulos ya olvidados en una vida de la que afirma estar orgullosa.

“Desde luego que hay chicas que abusan de las drogas, chicas que han sufrido abusos sexuales de sus familias, o chicas que han entrado en el negocio porque sus novios (los conocidos como ‘suitcase pimp’ o ‘chulos de maleta’) lo querían”, reconoce en una carta dirigida a su madre que reproduce en el libro. “Pero también hay chicas con estudios, feministas y chicas que vienen de entornos completamente normales”.

La agente de Akira le dijo en una ocasión que las primeras, las que acceden a participar en la pornografía por obligación, fracasan y abandonan el mundillo en cuanto pueden. Sin embargo, las segundas, en las que se cuenta a la propia neoyorquina, “siempre salen adelante”. Akira se ha convertido, de esa manera, en el estandarte de una nueva manera de ver el porno, ya no como una forma de explotación masculina, sino como una decisión personal.

Del club de alterne a las suites de las celebridades

Akira comenzó su carrera como dominatrix en un club llamado la Suite del Cascanueces antes de dar el salto al cine porno. Su primera escena fue rodada en una granja amish en Pensilvania, donde fue invitada por la también actriz porno Gina Lynne. De ahí dio el salto a Los Ángeles, la meca del cine (también el porno), donde formó parte de la agencia de Mark Spiegler. Allí participó en miles de películas gonzo, el género de moda en el que frente a la película pornográfica que dominó el mercado durante los ochenta y los noventa, lo narrativo es reducido a su mínima expresión.

Fue en el trabajo donde conoció a su actual marido, el también actor porno Toni Ribas, nacido en San Baudilio de Llobregat (Barcelona) y con quien contrajo matrimonio en diciembre de 2012. Sus problemas no son muy diferentes a los de las parejas “normales”. Akira reconoce ser celosa (“todo lo que forme parte de su trabajo está bien, pero si quedase con una compañera después del trabajo me sentiría devastada”, explicaba en Vice y haberse sentido mal después de haber visto alguna de las películas de su marido. Además, sus relaciones sexuales son más bien cortas, ya que Akira reconoce no durar más de dos minutos (“cuando los chicos dicen que la duración estándar es de diez minutos, yo respondo ¿estás loco?”).

No obstante, tras hacerse famosa como una de las actrices más salvajes de la industria, a la joven le quedaba una última barrera por romper: la de la prostitución. Como explica en el fragmento del libro que ha reproducido la revista Salon, no es que tuviese prejuicios morales hacia las escorts, sino que tenía miedo (que ella misma define como irracional) de ser asesinada. Fue su amiga Laila quien la presentó a un adinerado hombre de negocios que en el libro recibe el nombre de “Frederick de Malibú”.

“No es desagradable y te pagará cuanto quieras”, le explicó su amiga. “Pídele cinco mil dólares por media hora”. Una cantidad tan absurda de dinero que Akira se prestó a decir que sí por primera vez. “Es muy fácil”, le tranquilizó Laila. “Vas a preguntarte por qué no lo has hecho antes”. Y así fue: ataviada como una colegiala, Akira cumplió con su objetivo en apenas diez minutos, en los que se limitó a reproducir lo que había hecho previamente en una película porno. “No me podía creer que esa chorrada medio-estúpida funcionase”. Pero lo hizo, y pronto habían terminado: “Fuimos al baño, nos duchamos por turnos, cogimos el dinero y nos marchamos. Tenía razón. Fue el dinero que más fácil me había resultado ganar”.

No es que Akira no tenga escrúpulos. Por ejemplo, se muestra cauta ante lo que su familia sabe de su vida, y reconoce que preferiría que su madre le viese practicando sexo en grupo a que leyese su libro. ¿La razón? “Al menos con lo primero puede justificarse a sí misma y pensar que no me gusta hacerlo. Si leyese el libro ya no tendría ninguna duda de que me gusta”.

Tampoco tiene nada claro de qué manera reaccionaría si tuviese una hija y esta decidiese seguir los pasos de su madre. “Es una pregunta difícil de responder, porque si supiese a ciencia cierta que mi hija lo está haciendo por mis mismas razones, le daría la razón”, explicaba. “Pero… ¿cómo podría saber si lo está haciendo por las razones correctas?” Estas son, exactamente, una buena cantidad de dinero y, sobre todo, la diversión. Como ella misma reconoce, el día que esta se acabe, dejará el porno.

Por ahora, Akira ha decicido abandonar el gonzo y reorientarse hacia los largometrajes más narrativos. “La gente nunca me contrataba porque era la chica de los anales. Lo que más me cuesta es meterme en el personaje mientras follo”. 

Página oficial: Asa Akira / Fuente del texto: El Confidencial

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